Camino primitivo

Día 5: Berducedo – Grandas de Salime

“Toma sólo los recuerdos, deja sólo las huellas.”

Jefe Seattle

El protagonista de la noche en Berducedo no ha sido ningún roncador, por suerte, sino un australiano de pinta curiosa. Lo había visto por primera vez justo llegando a Berducedo. Él iba sin camiseta y contra dirección. Y no fui el único que me lo encontré en ese tramo, independientemente de la hora en que pasáramos.

La cosa es que José Antonio, un pintor santanderino, fue al albergue a buscar no recuerdo qué dentro de la mochila de no recuerdo quién. Este quién no recuerdo dormía en la litera de al lado de la del australiano, y José Antonio buscó lo qué no recuerdo en la mochila que no tocaba, la del australiano. Con la mala suerte que el australiano entró mientras él estaba buscando lo qué no recuerdo en la mochila que no tocaba, y que ni José Antonio hablaba inglés ni el australiano castellano. Estoy convencido de que el australiano, hoy, todavía cree que le falta algo en la mochila.

También fue la primera vez (y única, durante el camino primitivo como tal) que nos encontramos una persona oriental. Era una chica y viajaba sola. Le pregunté el nombre, pero si los nombres occidentales soy malo, los orientales ya se lo pueden imaginar. Lo único que recuerdo de su nombre es que habría pasado perfectamente como autora de El arte de la guerra.

De Berducedo a Grandas de Salime
De Berducedo a Grandas de Salime

Recuperando sensaciones

El día ha empezado frío. Y doloroso. Los 4 kilómetros hacia La Mesa han sido un puto calvario. Solo me faltaba cambiar la mochila por una cruz. Cada paso parecía ser el último, el que daría antes de subir al taxi, con australiano o sin. Pero pasado el pueblo, he resucitado. La subida que te lleva de los 900 a los 1100 metros en un kilómetro y medio me ha servido para empezar a coger carrerilla. Y he ido cagando leches hasta el final.

No me preguntéis por qué. Aunque es cierto que, con subida, la postura que adopta el cuerpo hace menos dolorosos los pasos, la etapa de hoy ha sido, sobre todo, cuesta abajo. Y de carretera. El camino, una vez alcanza los 1100 metros, baja. Durante unos kilómetros por asfalto, después, entrando en un bosque muy bonito y nublado, donde incluso he bajado corriendo un buen rato.

Son 8 kilómetros de bajada ininterrumpida hasta quedarnos a 300 metros de altitud, en un embalse. Allí, he vuelto a encontrar gente. Primero, un par de chicas desconocidas; después, subiendo de nuevo, a Leonie y Agata, y después de ellas, he adelantado a todos los que he visto por delante de mí.

Hacia Grandas de Salime
Hacia Grandas de Salime

Pasando el día en Grandas de Salime

De modo que he llegado bien pronto a Grandas de Salime, un poco antes de la una. He aprovechado para poner una lavadora, ir a tomar algo con los peregrinos que iban llegando, saludar, descalzo, el grupo de Sandra y Álvaro mientras ellos comían y a mí el camarero me decía que me calzara o marchara, y para sentarme, fuera de un bar, tomando el sol, con los pies destapados.

El día ha terminado con cena comunitaria de quienes empezamos en San Juan de Villapañada. ¿Queréis que os diga la verdad? ¡Tenía muchas ganas! No éramos muchos, solo 6, pero ha sido bonito sentarse de nuevo alrededor de una mesa con ellos. También había un lituano, que ha hecho de cocinero en una noche muy poco inspirada para cocinar, visto el resultado. Así que me he ofrecido a cocinar yo en la próxima cena en la que volvemos a coincidir.

Aprovechando que éramos poquitos, he ofrecido la botellita de aceite de oliva que he ido cargando desde el primer día, para que la ensalada les quedara mejor. A Astrid y a su padre les ha encantado. Son daneses, hacen el camino juntos, y el color preferido de los dos es el verde.

Astrid y su padre
Astrid y su padre

I mañana, Galícia y pulpo

La cena se ha arreglado en los postres, con un trozo bien generoso de helado de chocolate y nata. Y tras una breve tertulia y de dejar la cocina limpia y ordenada, hemos tirado hacia las literas. Mañana tocan 25 kilómetros más y empezar a comer pulpo: entramos en Galicia. Y llegamos a la mitad del camino. Teniendo como tengo los pies, tocará ser fuerte, aunque debemos caminar doscientos kilómetros, y los tenemos que caminar con una sonrisa.

De Berducedo a Grandes de Salime

Total distance: 20122 m
Max elevation: 1096 m
Min elevation: 276 m
Total climbing: 824 m
Total descent: -1139 m
Tiempo total: 04:46:19

Galería fotográfica

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