Camino primitivo

Día 10: Ferreira – Rivadiso

“Quien viaja más deprisa es quien viaja solo.”

Rudyard Kipling

La noche en Ferreira ha sido tranquila. Estábamos todos asustados porque dormía con nosotros el Gran Roncador en Jefe. Dice la leyenda que nunca ningún hombre había roncado tan fuerte y desesperadamente como él, y los que estábamos en el albergue municipal de Lugo lo podemos corroborar. Al final ha sido una falsa alarma y la noche ha transcurrido en unos niveles aceptables de silencio. Nos hemos despertado relativamente relajados. Y con lluvia.

Saliendo de Ferreira hacia Rivadiso · Camino Primitivo
Saliendo de Ferreira hacia Rivadiso · Camino Primitivo

La etapa de hoy debía ser corta, de unos 20 kilómetros, con final en Melide. Melide es un punto importante por dos motivos: el primero, porque dicen que hacen un pulpo a la gallega insuperable; el segundo, porque en Melide el Camino francés se une al Primitivo, por mucho que popularmente se invierta el orden de los factores, que en este caso sí altera el producto.

Algo se acaba

Melide es un punto y aparte. Es el final de los pueblos pequeños donde solo hay un albergue, un bar y cuatro abuelos. Es el final de conocer la persona que carga esa mochila cien metros por delante de ti. Es el final de mirar atrás y ver una cara conocida. Es el final de llegar al albergue y encontrarte la gente con la que has estado comiendo o cenando o durmiendo los últimos diez días. En Melide, el camino sigue, pero acaba una forma diferente de vivirlo, y seguramente de entenderlo.

Entrando en Melide · Camino Primitivo de Santiago
Entrando en Melide · Camino Primitivo de Santiago

El camino hasta Melide ha vuelto a ser un camino sin demasiada historia, gracias sobre todo a la lluvia y a los pies. Por el camino me he encontrado con Agata un par de veces. Con ella hemos llegado a un bar, poco antes de Melide, donde estábamos todos. Como tenía los pies calientes, solo me he parado a saludar y he seguido, y al poco llegábamos, junto con Carme, a Melide, con una curiosa bienvenida.

Llegando a la calle central de Melide, y mientras esperábamos el resto para ir a la Pulpería Ezequiel, se han confirmado los grandes temores: Melide era un goteo inacabable de gente y más gente que parecía recién salida del Decathlon, con mochila y capelina, llegando del este, siguiendo el camino francés.

Pulpo y final

Entablados todos, y después de un delicioso pulpo, he ido al inodoro, equivocándome y entrando al de mujeres. Esto solo podía ser una señal. Había llegado el momento de hacer un Frodo.

Había llegado el momento de abandonar la compañía. No tengo demasiado claro por qué, no ha sido una decisión razonada, sino impulsiva, saliendo del corazón y de más adentro. Cada uno tiene que escribir su propio camino, el Camino de Santiago y el de la vida misma. Había llegado el momento de retomar el mío, de abandonar esa zona de confort en que se había convertido aquel pequeño grupo de desconocidos transformado en familia, de volar de nuevo.

Así que me he despedido de Joan, para quien el camino acababa en Melide por falta de días, y del resto de grupo, a quien esperaba encontrar de nuevo en Santiago, y he tirado hacia Rivadiso.

En Rivadiso no falta gente

Han sido 11 kilómetros que he hecho tan rápidamente como he sido capaz, y teniendo en cuenta mi estado, ha sido muy rápido. ¡Aquello parecía las Ramblas! He estado 11 kilómetros avanzando gente, sin caminar solo en ningún momento. El Camino ha perdido toda la gracia, y todo el sentido.

Rivadiso ha significado la constatación del cambio. Si hasta este día, a excepción de Lugo, los albergues eran de entre 12 y 20 plazas (Grandas de Salime quizás tenía 40), este llegaba a las 140 o 150.

En Rivadiso no he hecho gran cosa, lavar la ropa, curarme los pies, descansar en la litera, ocupar el enchufe para cargar el móvil durante la noche, y estar en el bar, que tenían wifi, que dentro del albergue la cobertura era casi nula.

La cena ha sido curioso. Lleno como estaba el bar, la camarera me ha dicho si quería cenar en la barra o bien en un cobertizo que tienen fuera, pensado para el verano. Evidentemente, he escogido fuera. Así que cenaba solo, medio muerto de frío, y observando como los peregrinos cenaban, desde la distancia, desde la indiferencia. Como si aquello no fuera conmigo.

Hasta que han llegado Germán y Paco.

Germán
Germán

¿39 quilómetros mañana?

Germán es valenciano, tiene 35 años, y su color preferido es el verde botella. Coincidimos la primera noche en San Juan de Villapañada, y desde entonces que nos hemos idos encontrando intermitentemente. Venía de hacer el Camino de Salvador, de León a Oviedo, y aguantar su ritmo estaba al alcance de muy pocos. De mí, ya os aseguro que no.

Hemos cenado juntos, y me han comentado de mañana llegar hasta el Monte do Gozo, quedando así a 5 km de Santiago. Esto significa hacer casi dos etapas en una, de aproximadamente 39 kilómetros. Les he dicho que sí, mientras me pedía un plato de espaguetis, que 39 kilómetros no se hacen con el estómago vacío.

En la habitación, hemos estado hablando con la chica de la litera de encima de mí, más ella conmigo que yo con ella; ha llegado cuando yo ya estaba medio dormido, y no tengo muy claro qué le he dicho. Una vez, cuando vivía en Manresa, durmiendo, concerté una visita a una casa que se alquilaba. Solo espero que haya quedado bien.

De Ferreira a Rivadiso

Total distance: 30730 m
Max elevation: 762 m
Min elevation: 360 m
Total climbing: 842 m
Total descent: -1070 m
Tiempo total: 07:42:19

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