Los peregrinos

Personas muy humanas con quien te cruzas

A lo largo del Camino, vas coincidiendo con muchos peregrinos, imagino, si haces el Camino francés, y solo con unos cuantos si haces el Primitivo. De estos, con algunos compartirás mesa porque te apetece, y con otros porque el azar así lo ha querido. Y de todos ellos, algunos llegarán a Santiago de Compostela contigo, otros lo harán antes, otros después, y otros en otra ocasión, o quién sabe si nunca.

Extrañamente para algunos, milagrosamente para otros, salvadoramente para unos cuantos, con estos desconocidos con los que compartes ronquidos, ampollas, y caminatas bajo la lluvia, se establecen unos lazos del todo sorprendentes, que, en algún caso, duran mucho más que el mismo Camino.

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Leonie

Leoni

Francesa. Coincidimos la primera noche en San Juan de Villapañada y todas las demás hasta Melide. Conoció a Agata en Oviedo, y casi siempre iban juntas. Simpática, pero al lado de Agata parecía tímida. Su castellano chapurreado nos regaló muchas risas.

Sentada en uno de los peldaños, una chica con gafas, leyendo un libro, me ha dado la bienvenida con un hola de acento extraño. Vestía un pantalón fino y brillante, con estampados blancos y negros; chaqueta violeta, y pañuelo mayoritariamente verde. En ese momento no lo sabía, pero es Leoni, y le gusta mucho el color verde. Tiene veintitrés tres años y es francesa.

Agata

Lituana. También coincidimos la primera noche en San Juan de Villapañada, y también todas las demás hasta Melide. Hacía el Camino buscándose a sí misma, pero entre Leonie, y ser rubia con ojos azules, pocos ratos de soledad encontró. Alocada, simpática y alegre. Trabajaba en una guardería y se había comprado un Opel Astra de segunda mano. Hablaba inglés, lituano y ruso, y como poca gente del grupo la entendía, disfrutamos de largas charlas.

En Cornellana, comprando en el mismo supermercado que yo, estaban Leonie y Agata, la chica lituana. Tiene 26 años, le gusta el color azul, y muestra permanentemente una encantadora sonrisa.

Agata · Camino primitivo de Santiago
Magdalena · Camino primitivo de Santiago

Magdalena

Polaca. Es la primera peregrina (independientemente del género) con quien me crucé, aunque no coincidimos hasta la tercera noche, a Borras. Cuando llegaba al albergue sacaba el portátil y trabajaba un rato. Canta muy bien. Había hecho el Camino francés en verano, cuando secuestraron una peregrina americana, y no se fiaba de quien iba con gafas de sol y gorra.

Me he instalado rápido (instalarse en un albergue siempre lo es) mientras una chica, desde la ducha, cantaba Nino Bravo. No la he reconocido (cuando salió de la ducha, claro), pero ella a mí sí: era la chica del mapa del primer día. Se ha disculpado, diciendo que con gafas de sol y gorra hacía pinta de psicho-killer secuestrador de peregrinas. Era Magdalena, polaca, de 26 años. Vive en Londres y su color preferido es el rojo oscuro.

Sandra y Álvaro

Coincidimos por primera vez en Borres, jugando al parchís mientras esperábamos que comenzara el Barça. Y desde entonces, compartimos albergue hasta Melide. Ambos son enfermeros en Gibraltar.

Dos de los que conforman este grupo son Sandra y Álvaro; ella es catalana y le gusta el color azul lluvia, y él es andaluz y no tiene ningún color preferido. Viven en Algeciras, y son pareja.

Sandra - Camino primitivo
Álvaro · Camino primitivo
El padre de Astrid y Astrid

Astrid y su padre

Daneses. Coincidimos, también, en San Juan de Villapañada, e intermitentemente hasta Melide. Astrid parecía tímida, aunque supongo que viajando con el padre, es más difícil soltarse. En este sentido, eran muy “nórdicos”. Nos reencontramos en Obradoiro tras unos días sin vernos, y nos pusimos los tres muy contentos de haber podido terminar el Camino.

A Astrid y a su padre les ha encantado. Son daneses, hacen el camino juntos, y el color preferido de los dos es el verde.

Carme

Mallorquina. Coincidimos en O Padron, donde terminó comiendo mis fantásticos espaguetis con crema de leche, y repetimos siempre hasta Melide. Supongo que el hecho de poder hablar catalán entre nosotros nos unió bastante. Fue la única que llegó hasta Fisterra. Simpática, agradable y dulce, aunque en esto último creo que el acento mallorquín tiene mucho que ver.

Volviendo a entrar en el albergue, con la ropa semilimpia y semiseca, he visto una de las dos chicas del moño en la cabeza. Era Carmen, mallorquina, de 26 años, y farmacéutica. Su color preferido es el verde. Tiene los ojos azules, y desprende dulzura y simpatía.

Carme ·Camino primitivo de Santiago
Víctor · Camino Primitivo

Víctor

Valenciano. Coincidimos por primera vez en San Juan de Villapañada, y después intermitentemente hasta Melide. Hacía el Camino con Sergio, a quien no tuve tiempo de hacer fotos, ya que la idea me vino a medio Camino.

Sergio es de Mallorca, y ya había hecho el Primitivo el año pasado. Víctor es de Valencia, informático pasándose al marketing, y su color favorito es el rojo. Son amigos, se habían conocido en las redes sociales compartiendo aficiones, y habían decidido conocerse en persona en el Camino.

Enrique

Argentino. Coincidimos por primera vez en Borres, y lo primero que me dijo fue si quería mate: cada día, cuando llegábamos al albergue, lo primero que hacía después de ducharse era prepararse mate. Coincidimos intermitentemente, pero nos reencontramos en Santiago. Es una persona interesante y divertida, muy buena compañía.

Argentino, escritor, ex-abogado, tiene 42 años y su color preferido es el rojo. Gracias a él probé el mate. Fue en Borres, cinco días antes, aunque parece que hiciera una eternidad. Ha publicado Desde la habitación del sur, Big Bang, Jauría y Bengalas.

Enrique · Camino primitivo de Santiago
Joan · Camino primitivo

Joan

Catalán. Todo un personaje. Del grupo de Borras. Coincidimos hasta Melide, donde yo tiré hasta Rivadiso, y él hasta el aeropuerto. Atleta, nervioso, y divertido. Confirmó la teoría de Leoni que los catalanohablantes llevábamos todos piercings (él y Carme llevaban uno en la nariz, y yo uno en la oreja).

Joan es de Barcelona, tiene 31 años, y su color preferido es el negro. Y el rojo. Como la camiseta del Milan, que todo el mundo dice que es de dos colores, pero no, es de uno. Negro y rojo. Es el Kilian Jornet del grupo, el último en dejar el albergue, y de los primeros en llegar al siguiente.

Germán

Valenciano. Coincidimos la primera noche y luego intermitentemente, aunque la mayoría. Él, yo, y su colega fuimos los que abandonamos Melide para hacer noche en el Monte do Gozo y entrar en Santiago a primera hora. Alto y de voz profunda, tenía muy claro dónde podía darse un buen atracón.

El Germán es valenciano, tiene 35 años, y su color preferido es el verde botella. Coincidimos la primera noche en San Juan de Villapañada, y desde entonces nos íbamos encontrando intermitentemente. Venía de hacer el Camino de Salvador, de León a Oviedo, y aguantar su ritmo estaba al alcance de muy pocos.

Germán · Camino primitivo de Santiago
Paco · Camino primitivo de Santiago

Paco

Valenciano. Se incorporó en Lugo, pero solamente coincidí con él las últimas dos noches. Simpático y muy hablador, calmado, se apuntó a hacer el Camino un poco de imprevisto, pero fue de los pocos que terminó con dos credenciales: la compostelana y la franciscana.

Paco es valenciano, amigo de Germán, y se incorporó en Lugo. También se le han hecho largos los 40 kilómetros, por lo que han llegado más tarde de la cuenta.