Camino primitivo

Día 12: Monte do Gozo – Santiago de Compostela

“Veo mi camino, pero no sé hacia dónde conduce. No saber hacia dónde voy es lo que me inspira a recorrer el camino”

Rosalia de Castro

La madrugada del 12 de septiembre de 1213, Pedo el Católico se preparaba para la batalla de Muret de forma poco ortodoxa: pasando toda la noche con una prostituta. Al día siguiente, a misa, las piernas le temblaban. Como a pesar del apodo, era un Conde-rey con poco juicio y mucho arrebato, después de misa se puso la armadura de un caballero raso y se plantó en el campo de batalla en primera línea. Poco rato después, el soldado que llevaba su armadura caía abatido en medio del campo de batalla. El Conde-rey, para que las tropas no se desmoraliza, se descubrió al grito de El rei, heus-el aquí! (¡el rey, está aquí!), y al cabo de poco, quien cayó muerto fue él.

El 8 de octubre de 2015, quien estaba muerto era yo.

Llegando a primera hora en Santiago de Compostela · Camino Primitivo
Llegando a primera hora en Santiago de Compostela · Camino Primitivo

Una mala noche

Lo que debía ser una noche de trámite para la entrada triunfal en Santiago de Compostela, se ha convertido en una auténtica pesadilla. Todo ha empezado cuando no me he querido poner los tapones para los oídos por miedo a no oír el despertador a las 6 de la mañana, con el fin de llegar bien temprano a Santiago. Esto no habría sido nada importante si no fuera porque compartía habitación con auténticos jabalíes, hermanos, para más inri. Con aquellos ronquidos, era imposible dormir. Así han ido pasando las horas, y han ido aumentando los nervios. Y no sé si han sido los nervios o alguna reacción alérgica al ketchup de la hamburguesa de la cena (Germán y Paco comieron lo mismo y han dormido sin ningún problema), pero me ha empezado a picar la piel de todo el cuerpo, incluso a hincharse.

Total, que cuando estaba ya bien harto de todo, he ido a una sala de reuniones donde había una hilera de sillas acolchadas, me he acostado allí, me he tapado con la chaqueta, he puesto la cabeza sobre la mochila, y he podido dormir un poco. Tampoco demasiado. Me he despertado al cabo de una media hora, mareado perdido, pensando que sacaría la hamburguesa de la cena, los espaguetis de la comida, e incluso el pulpo de Melide. En el baño, me he refrescado y he comprobado que tenía eccemas o cosas así rojas e inflamadas por todo el cuerpo. Y me he vuelto a estirar, durmiendo un rato más, hasta que la gente ha empezado a despertar.

Total, que a las siete menos cuarto empezaba a caminar, o mejor dicho, a arrastrarme hacia Santiago de Compostela: casi sin haber dormido, sin haber desayunado, medio mareado, con la piel hinchada e irritada, y con los pies que parecían llenos de agujas. Eran solo 5 kilómetros.

Debajo de Santiago está la Puerta del Perdón
Debajo de Santiago está la Puerta del Perdón

Llegando a Obradoiro

Una hora y cuarenta y cinco minutos después, entraba en la Praza do Obradoiro. ¿Queréis que os sea sincero? Lo único que me ha pasado por la cabeza en ese momento ha sido un: “ah, mira, ya he llegado, a ver si encuentro donde me sellan la credencial y me dan la compostelana“. Y ya está. No sé si por el estado físico, por el mental, porque la parte de la ciudad hace venir muchas ganas de llegar, por el dolor de los pies que en ningún momento ha desaparecido, porque ya había estado, porque en ningún momento ha sido un reto difícil de superar, pero la emoción de llegar ha sido 0. Cero patatero. Y eso que en aquel momento éramos cuatro gatos en la plaza.

El desayuno, abundante no es
El desayuno, abundante no es

¿Sabéis lo que sí que me ha emocionado (aunque lo he disimulado, se me da bien disimular)? Que Germán me haya dicho que si cuando he llegado a la cola del desayuno hubiera estado llena, él me habría cedido el lugar, porque hacer el camino con mis pies lo consideraba muy meritorio. ¿Qué peregrinos más molones que me he encontrado, eh? Esto del desayuno también me lo ha contado él: a las 9, si haces cola en una entrada lateral del parador Hostal dos Reis Católicos, y eres de los diez primeros, desayunas gratis. Lo mismo ocurre para el almuerzo y para la cena, pero no recuerdo las horas.

En cuanto he tenido la compostelana, he ido hacia allí. Solo estaban ellos dos, así que hemos aprovechado para descansar, ellos han encontrado habitaciones en la hospedería donde estaba yo, y hemos hecho tiempo hasta que, con retraso, nos han hecho entrar. Al final hemos sido 6, parece que no es algo que la gente conozca (o bien los peregrinos llegan más tarde). Y suerte, porque muy abundante no era. Pero no os podeíss ni imaginar lo bien que se me ha puesto ese desayuno, después de todo. Realmente, lo necesitaba.

Y la franciscana también

Después del desayuno, hemos ido a la Igrexa de San Francisco a buscar la franciscana. Resulta que en 2014 hacía 800 años de la peregrinación de San Francisco de Asís a Compostela, y han alargado la concesión de la franciscana unos meses más. Tampoco había mucha gente pidiéndola. Además de molones, bien informados. Finalmente, hemos ido los tres hacia la hospedería Vía Lucis. No es que estuviera muy lejos, pero yo iba a medio kilómetro por día, así que hemos tardado un poco.

Una ducha privada, ¡¡qué lujo, tíos!! Entre ducharme y curarme y volver a Obradoiro, he llegado con la misa del peregrino comenzada. Y como estaba a rebosar y no llevaba la credencial, he estado dos minutos, tiempo justo para saludar a Paco. Así que me he sentado fuera, a ver llegar los peregrinos, confiando encontrar de conocidos.

El último reencuentro

Y sí que lo eran, sí. Han pasado por allí Astrid y su padre, Javi, valenciano con quien hemos ido coincidiendo intermitentemente, y que ha ido a comer con Germán y Paco, y Leonie, con quien he ido a comer yo. Justo salir de comer, nos hemos encontrado con Agata, y luego con el grupo: Carmen, Víctor, la Magdalena, Sandra, Álvaro y Enrique.

Foto de grupo, aunque faltaba alguno
Foto de grupo, aunque faltava alguno

Cris

¿Pero sabéis a quien me ha hecho muchísima ilusión ver? A Cris. Cris (dejadme que la pone en negrita siempre) es una amiga gallega, de Villalba, y que hace años que vive en Santiago de Compostela. Nos conocimos con catorce años, mediante la Dragon Magazine, una revista sobre juegos de rol y fantasía medieval: comenzamos una partida de rol a distancia, por carta, de aquellas escritas a mano y con un sello en el sobre, cuando los sellos no eran auto-adhesivos. La partida duró dos cartas, pero la amistad ya lleva 23 años.

El caso antiguo de Santiago de Compostela
El caso antiguo de Santiago de Compostela

Ha sido la segunda vez que nos hemos visto en persona. Curiosamente, nunca hemos hecho ni un skype ni nada de eso moderno, tal vez por eso es una amistad tan auténtica. Si tenía ganas de llegar a Santiago era, en parte, para ver a Cris. Así que hemos pasado la tarde juntos, sentados y quietos, eso sí, y hablando de la vida, que de una forma u otra, siempre nos hemos explicado los momentos importantes que hemos vivido.

Antes de despedirnos, hemos dado una vuelta por Santiago de Compostela, buscando una colonia que me permitiera volver a la civilización y alargar un poco más el encuentro. Compostela es una ciudad de tamaño amable, con un centro histórico fantástico, lleno de pequeñas plazas encantadoras y de calles adoquinadas. Y visitándola con Cris, aún gana más. ¿Y los pies? Curiosamente, ya no me hacían daño, y podía caminar casi igual que una persona.

Y llegó la hora

Los peregrinos, mis peregrinos, o la mayoría de ellos, al menos, estaban en un bar haciendo unas copas, y me he unido. Hemos comido por varios lugares, y ha llegado la hora de empezar a separarnos. El camino ha terminado y todo el mundo debe volver a retomar, o a seguir, el suyo. Las primeras en abandonarnos han sido Agata, Leonie y Magdalena.

Después de varios chupitos y algún cubalibre, a quien le ha llegado la hora ha sido a un servidor. A Carme ya no la veré porque mañana se va hacia Fisterra, es la única que tiene previsto llegar ahí andando.

Con el resto todavía nos veríamos alguna vez más por Santiago. Incluso con Agata estaríamos, de casualidad, en el mismo autocar que nos llevaría a Fisterra, y bajando del bus sí sería la última vez que nos veríamos.

Esta familia que nos hemos inventado los últimos diez días se acaba. Quién sabe si algún otro año, con alguno de ellos, la vida nos volverá a poner en el mismo camino. Ahora toca abrazarse, despedirse, y entristecerse un poco.

Fin

De Monte do Gozo a Santiago de Compostela

Total distance: 5380 m
Max elevation: 414 m
Min elevation: 307 m
Total climbing: 167 m
Total descent: -269 m
Tiempo total: 01:45:58

Galería fotográfica

Comments (2)

  1. JACOBS Noël
    JACOBS Noël

    Muchísimas gracias por la maravillosa cuenta del camino Primitivo.
    Lo hice en junio 2015 y he leído el relato con muchos recuerdos.
    Los fotos son perfectos y el texto es muy comprensible para mi.
    Mis felicitaciones por terminar el Primitivo, andando con ampollas.
    Y con muchas noches sin dormir, debido a todos estos roncadores.
    Es un relato de verdadero peregrinos y no de turigrinos mimados.

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    • eduard
      eduard

      Gracias Jacobs, el camino es una experiencia única, llena de momentos inolvidables. Con ganas de repetir o de hacer algun más, aunque el Primitivo me encantó.

      Reply

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