Camino primitivo

Día 1: Ovideo – San Juan de Villapañada

“Viajar te deja sin palabras; y entonces, te conviertes en narrador.”

Ibn Battuta

Natalia tiene un sofá comodísimo. Vive en Oviedo, en una zona muy tranquila, y es couchsurfer.

El couchsurfing es una red social de viajeros, donde la gente ofrece o demanda alojamiento, de forma totalmente altruista. No se trata solo de viajar de forma casi gratuita, sino de relacionarse con gente del lugar que se visita. Viajar también es conocer gente diversa, nuevas maneras de entender el mundo. Y seguramente, el el también sobra. Pues Natalia es couchsurfer, tiene un sofá muy cómodo, una sonrisa encantadora, y me acogió en su casa.

Salida del sol, en Oviedo · Camino primitivo
Salida del sol, en Oviedo

Se ha despertado pronto (mea culpa), hemos desayunado y me ha acompañado hasta la catedral. Nos hemos despedido, pero ha sido uno de esas despedidas que no son un hasta siempre sino un hasta otra. No os sabría decir el por qué, pero he tenido esa sensación. Será cosa de la magia del Camino.

La magia, sin embargo, ha durado poco. Exactamente, el tiempo que he estado caminando desde el coche de Natalia hasta la oficina de turismo que hay a 3 minutos de la catedral. Debía comprar la credencial, para que me pusieran los sellos, pero, sobre todo, para poder dormir en los albergues. Estaba cerrada. A partir del 15 de septiembre, los domingos la oficina cierra.

Buscando la credencial

No sé si a partir del 15 de septiembre o siempre, pero parece ser que los domingos por la mañana Oviedo cierra. Todo. Ha sido imposible encontrar una credencial. Mejor dicho, encontrar un lugar abierto para comprarla. Ni siquiera ha servido de nada andar los dos kilómetros que separan la Catedral del albergue de peregrinos. También estaba la puerta cerrada, y todo el mundo ignoraba el timbre (sí, era yo el que ha llamado durante diez minutos).

Cansado de entrar y salir de la Catedral sin saber por qué (de entrar y salir, no de cansarme), he empezado a caminar los 29 km de hoy a las diez y media, que se hacía tarde.

En Oviedo se trata de ir siguiendo la concha que hay en el suelo. La dirección la indica la parte estrecha de la almeja, pero en Galicia es al revés, así que no hay que distraerse, o ya me veo el resto de mis días yendo y volviendo de Galicia hacia Asturias y viceversa. No es difícil (seguir la concha), y a partir de cierta calle van acompañadas de flechas amarillas. Se pasea por dentro la ciudad bastante rato, y el camino sale a un parque a las afueras de la ciudad.

¡Empezando a caminar!

Mientras abandonaba Oviedo, iba comentando con Natalia que vivía al límite por no tener credencial. Pero sobre todo por no tener batería en el móvil. Había apagado la luz apagando la base de enchufes donde tenía el móvil cargándose, y por lo tanto poco se había cargado. Así que he aprovechado la poca batería que me quedaba para llamar al albergue de San Juan de Villapañada y comentarle al hospitalero si tenía credenciales. Me ha dicho que no me preocupara. Y le he hecho caso.

Castaño · Camino primitivo
El castaño y sus armas

Más adelante he descubierto que todo el mundo sabía que comprar la credencial en Oviedo en domingo es bastante imposible. Es lo que implica improvisar demasiado el viaje y no preparar gran cosa. Realmente, solo había preparado la mochila, pesando todo lo que quería llevarme, y descartando lo que no era estrictamente necesario. Por eso era la mochila-envidia de la mayoría de peregrinos: sus 7 kilos eran el resultado de los 15 que arrastré por Escocia.

Pero no he tardado en darme cuenta de que me había dejado algo esencial, vital, de grandiosísima importancia. Después de que el camino se adentre en un bosque, los árboles empiezan a bombardearte con sus frutos. No sé si es el otoño, la mala fe, o hemos llegado ya a la misma situación que la peli esa de Shyamalan donde los árboles se rebelan contra la estupidez global humana; el hecho es que, literalmente, los árboles me bombardeaban. Que un roble te tire bellotas, mira, es soportable, pero cuando quien ataca es un castaño, empiezas a echar de menos no llevar casco.

Los primeros peregrinos

El día ha transcurrido sobre pistas de asfalto escurriéndose entre bosques asesinos de robles y castaños, vistas a valles verdes y frondosos, cabras por aquí, fotos por allá, pajaritos piando, y una peregrina que cantaba detrás de mí hasta que me he girado y ha desaparecido.

La he reencontrado en Grado, mirando un mapa. Yo he parado a comer y ella imagino que no. Como hacía horas que no hablaba con nadie, y también quería mirar aquel mapa (el tema de la preparación y tal, no tenía muy claro por donde estaba …), la he saludado con un simpático buenos días, hacia dónde vas, saludo que parece habitual en el Camino.

Me ha contestado con un no hablo español, así que le he traducido la pregunta al inglés y ella me ha ignorado completamente. Qué poco espíritu peregrino, he pensado, y he seguido mi camino. Eran las dos de la tarde, hacía mucho sol y mucho calor, y tenía ganas de llegar ya al albergue: hacía mucho rato que me notaba dos ampollas bajo la planta del pie izquierdo.

A 335 km de Santiago (realmente, son algo menos) · Camí primitiu
A 335 km de Santiago (realmente, son algo menos)

Faltaban unos seis kilómetros hasta el albergue de San Juan de Villapañada, albergue muy recomendable, por cierto. Antes de llegar me he encontrado a Hans, un alemán de setenta y ocho años que ha hecho todos los caminos, y que estaba intentando entender qué problema tenía un joven francés que no hablaba inglés. Hans no hablaba francés, y yo tampoco, pero al final hemos entendido que el joven francés no tenía ningún problema. Como mucho, de traducción.

Llegando a San Juan de Villapañada

El albergue queda a la derecha del camino. Unos peldaños excavados sobre la tierra y reforzados con madera dan paso a un terreno empinado en cuya cima está la caseta blanca con los marcos de las puertas y ventanas de color verde.

Sentada en uno de los peldaños, una chica con gafas, leyendo un libro, me ha dado la bienvenida con un hola de acento extraño. Vestía un pantalón fino y brillante, con estampados blancos y negros; chaqueta violeta, y pañuelo mayoritariamente verde. En ese momento no lo sabía, pero era Leoni, y le gusta mucho el color verde. Tiene veintitrés tres años y es francesa.

 

Leoni
Leoni

Domingo, el hospitalero, da personalmente la bienvenida a los peregrinos del albergue de San Juan de Villapañada, les ofrece agua fresca, y los hace sentarse y descansar. Fuera, los peregrinos hacían tertulia mientras me reventaba las ampollas algo alejado. Se hablaban varios idiomas, y el rango de edad era amplísimo. Más tarde ha llegado Hans y el chico francés. Creo que han sido los últimos.

Alguien ha recogido castañas durante el camino y Domingo nos las ha hervido. Nos hemos reunido todos alrededor de la mesa para comerlas. Una chica lituana, que ha hecho te para todo el mundo con unas ortigas cosechadas fuera, es la primera vez que come castañas. Yo no suelo comer porque me da pereza pelarlas, pero aquí parece que todo es distinto. Sentado junto a Leoni, hemos ido pelando castañas y episodios de nuestras vidas.

Me ha parecido que quizá sí, que habría magia.

La superluna des de San Juan de Villapañada

La super luna desde San Juan de Villapañada
La super luna desde San Juan de Villapañada

La superluna ha empezado a aparecer, y unos cuantos hemos salido fuera. La chica lituana, la chica danesa, su padre y yo hemos estado un buen rato plantados, sin nada más que hacer que contemplar como la bola blanca iba empequeñeciéndose mientras escalaba por sobre las nubes. Pero el eclipse no empieza hasta las cuatro de la noche, y para los que caminamos bajo la luz del sol, empieza a ser hora de ir a dormir.

De Oviedo a San Juan de Villapañada

Total distance: 28574 m
Max elevation: 314 m
Min elevation: 102 m
Total climbing: 883 m
Total descent: -904 m
Tiempo total: 07:17:39

Galería fotográfica

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